Reseñas 

Los deudores del Havanna

La lista de locales que comercializa el Nonna Vita es heterogénea y hermosa: estaciones de servicio, campos de golf, la UCA, la clínica Sagrada Familia, el Banco Provincia y el Club Sic, entre otros pintorescos puntos de venta. Eso sí, jamás lo vi en un kiosco, ¿ustedes? Pero, en fin, vayamos a lo nuestro.

Todos sabemos que “el alfajor prémium por excelencia” es el Havanna. Si no fuera por su aporte, este blog, sin ir más lejos, y quién sabe si nosotros mismos, nuestros padres y nuestra mismísima Patria, estarían en pie. Verificar su alcance real es una tarea imposible, pero para comprobar la influencia que ejerció en el ámbito alfajorero basta con revisar los envoltorios de todos los alfajores caros de la ciudad: estrellitas en relieve por todos lados.

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60 gramos, 260 calorías.

Por supuesto que su influjo no quedó ahí. Directamente instauró un estilo, y en el caso del Nonna Vita está clarísimo que pertenece a la rama de alfajores con la impronta del Havanna, es decir: alfajores equilibrados y de excelente calidad, con una cobertura de chocolate amargo no demasiado notoria pero sí lo suficiente como para redondear el sabor general; una capa de dulce de leche ni muy muy ni tan tan, de un sabor profundo pero mesurado (no empalaga, no es demasiado abundante ni demasiado cremosa), y dos galletitas clásicas, crujientes, que sin opacar al resto de los elementos se complementa a la perfección. Sobriedad, esa es la palabra que caracteriza a esta clase de alfajor: me lo imagino con su monóculo y su acento inglés, lanzando risitas aristocráticas mientras sacude las muñecas con amaneramiento.

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Por suerte el Nonna Vita sabe correrse de esos preceptos para encontrar su propia identidad. Es decir, no plagia como aquellos alfajores hipsters que reseñamos una vez. La diferencia más clara está en su dulce de leche. En mala hora, quizá, porque su suavidad, que va acompañada de una textura muy cremosa, desestabiliza un tanto el equilibrio havannesco, al vencer el amargor discreto de la cobertura con un dulzor ligero. Así como es fácil notar que el Nonna Vita tiene más dulce de leche que el Havanna, queda claro también que su calidad es muy inferior. En el resto de los aspectos, y sobre todo en la consistencia general, la que pensé en definir como blandura delicada apenas interrumpida por la leve resistencia de la cobertura y el estiramiento del dulce de leche, se asimila mucho al alfajor marplatense.

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Y aunque a mi criterio el Nonna Vita no supera a su ilustre progenitor, las desemejanzas también pueden ser valoradas positivamente. Quiero decir: a fin de cuentas, tiene más dulce de leche. Y su cobertura es riquísima, de una textura más suave que la del Havanna y un sabor más cercano a la del Cachafaz. Nada de otro mundo, en definitiva, pero si eventualmente se lo cruzan este domingo cuando vayan a jugar al golf, o en el Sanatorio Güemes el día que, de urgencia, les tengan que extirpar el apéndice hinchado, confíen: el Nonna Vita no los va a defraudar.

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