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Sin pena ni gloria

Bagley contra My Urban.

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Me han decepcionado un poco estos dos alfajores. Del Bagley (50 gramos, 206 calorías) había escuchado cosas interesantes, y además me lo encontraba en todos los kioscos; creí que debía estar bastante bueno. Del My Urban (65 gramos, 245 calorías), en cambio, no había oído demasiadas cosas pero tenía el buen antecedente de su versión negra. No están mal, tampoco. Son dos buenos alfajores, definitivamente ricos y equilibrados, bien hechos. Pero no pasan de ahí.

(Sin embargo, quisiera hacer una aclaración que escribo más tarde, con la reseña ya casi terminada: me ha costado distinguir los defectos del Bagley. Pensé mucho, lo volví a probar en distintos momentos del día, porque aunque notaba que no me terminaba de convencer, se me hacía difícil descubrir los motivos. Muy poco dulce de leche, eso seguro, ¿pero qué más? Tampoco el escaso maní picado que yace sobre su superficie le aporta gran cosa. Pero eso no es realmente condenable. Terminé resolviendo que no es que le sobren defectos sino que le faltan virtudes, o en realidad le falta sobresalir, destacar. ¿Pero no será que mi paladar no logra apreciar las pequeñas cosas, lo bueno, que no obligadamente tiene que ser, digamos, rimbombante? Tal vez, pero es el paladar que tengo, y con él escribí esta reseña).

A su favor tiene, y esto es importantísimo, la cobertura, que es de chocolate verdadero (eso si pasamos por alto el debate acerca de si el chocolate blanco en sí es chocolate), y se nota. Es muy rica, no debe tener mucho que envidiarle al chocolate Milka. Sí le discuto que sea tan blanda, que ceda con tanta facilidad.

No creo que la consistencia del Bagley sea producto de una distracción: parece hecha a propósito, pero en todo caso fue, para mi gusto, una mala elección. Lo que habitualmente decimos es que en un alfajor debe haber alguna clase de contraste, y en este caso no lo hay, porque la galletita —levemente salada, con mucha vainilla, una de las mejores del mercado— cede a la par de la cobertura. Por lo tanto, el dulce de leche, cuyo sabor es, por cierto, trivial, debe ser más o menos rígido para que el alfajor no termine deshaciéndose en la boca como baba o polvo. Para mí, que soy partidario del dulce de leche cremoso, ésta es una consistencia respetable pero que no reviste mayor interés. Así y todo el sabor final es muy bueno, sobre todo por su chocolate blanco y su galletita, que son de gran calidad.

De los trocitos de maní poco puedo decir: por mí podrían haberlos obviado. Seguramente apostaban a que fuera el componente que aportara contraste y crocancia, pero al menos en mi experiencia eso no ocurrió, o no ocurrió del modo ideal. Y no es que no se sienta, pero de algún modo es como si no llegara a integrarse, como si nos comiéramos un alfajor normal y paralelamente introdujéramos en la boca un poco de maní, que más que nada se hace presente en las muelas una vez que del alfajor no queda sino el recuerdo. Sin dudas el Bagley fue prolijamente concebido, pero en los hechos dice poco.

En los puntos flojos de este alfajor se afirma el My Urban, y lo más probable es que no sea casual. El My Urban es mucho más grande, con mucho más dulce de leche y una consistencia más interesante. Esta vez la cobertura, que es más gruesa que la del promedio de los alfajores, se quiebra como debe ser, y luego nos recibe un dulce de leche muy cremoso y una galletita más blanda. Pero en lo que es el sabor en sí, el My Urban comete unos cuantos errores. Por empezar, su cobertura, que no es de chocolate genuino como en el caso del Bagley, tiene un inexplicable gustito a limón (¿es limón o es otra cosa extraña?) que a mí me desconcierta. Además es tan hermética como la del My Urban negro, pero eso no lo notamos a menos que, como yo, la aislemos y la comamos aparte. Porque finalmente su sabor aparece, y más allá del limón se parece bastante al chocolate blanco verdadero, y zafa. Tal vez la jugarreta del limón o lo que sea tiene por finalidad evitar el empalagamiento, pero no sucede. Tanto dulce de leche como ese chocolate blanco que, obviamente, es muy dulzón, empalagan. El gusto global es curioso, mucho menos coherente que el del Bagley. Se debe sobre todo al limón o lo que sea, pero también a que el dulce de leche, a pesar de que es cremoso, tiene un sabor un poco vago: si se fijan en las fotos, verán que su color es más claro que el del Bagley, más similar al del alfajor La Aldea, ¿se acuerdan? Y en ambos casos son inusualmente suaves y están como inacabados.

En definitiva, la competencia es muy reñida. El My Urban es más grande, tiene más dulce de leche y mejor consistencia. Pero en cuanto a sabor, el Bagley le saca mucha ventaja. No son muchos los alfajores que por este precio cuentan con chocolate real y una calidad general de los ingredientes tan elevada.