Entrevistas 

El hombre que se tatuó a Jorgito

Los tatuajes encarnan el ideal de lo eterno. Dentro de la totalidad en que se inscriben —una vida humana— son infinitos. No hay mayor concesión, para un mortal, que la que se le hace a la cosa tatuada. Es entregarle la existencia, tanto terrenal como celestial, desde que, como ya informó la Biblia, la carne tiene tanto derecho a resucitar como el alma. Un catálogo de cosas tatuables daría cuenta de la espiritualidad de una sociedad dada: en la nuestra, la vieja es, sin duda, sacra (véase el pectoral izquierdo…

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